Vanesa Puga

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

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Donde las pasiones de una escritora se entremezclan
Trece años

Trece años

Ayer fue cumpleaños de G. Cumplió trece años. Y sólo puedo pensar en lo cambiante que es la vida. Hace poco Facebook me recordaba una frase que puso mi hermana hace un par de años:

Coincidió que esa frase me llegó cuando pensaba que habían quedado muy atrás mis días de hostess y de pensar que mi vida no iba a llegar a ningún lado, como si por el hecho de haber sido mamá a mis 21 años hubiera alterado el universo de forma tal que jamás podría avanzar.

Fast forward a donde estoy parada hoy en día y en efecto: ¡tanto ha cambiado a pesar de que no ha habido tantísimos hitos en mi vida! Así funciona la memoria: tendemos a recordar lo malo, pero lo bueno, lo cotidiano, lo poco extraordinario se disuelve con la rutina. A veces me pregunto cómo Ariel llegó a ser mi mejor amigo, por ejemplo. Luego recuerdo que platicamos diario por Messenger, al menos de lunes a viernes, y que eso ha ido afianzando (además de nuestras cenas, el estar en nuestros cumpleaños, etcétera) la amistad.

Lo mismo me pasa con G. Lo veo todos los días y obviamente ya no es el mismo que antes. Aunque cada día nuestra rutina sea la misma de despertar, desayunar, prepararse para ir a la escuela, dejarlo para que tome sus clases, volver yo en la noche a casa a verlo… En ese transcurrir de la vida, mi hijo se ha convertido en un adolescente ocurrente y amoroso, un poco sarcástico, que ama la música y los videojuegos.

Hace poco se lo dije a G: el discurso de graduación de Rory Gilmore en la temporada 3 de Gilmore Girls siempre me inspiró para mis metas como madre: llenar la casa con libros, música y con la idea de que G puede ser lo que sea que quiera ser.

Una vida mágica y musical

Mi cachorro me lo dijo hace poco viendo el feed de nuestro Instagram compartido: “Tenemos una vida mágica y musical”. Si él (o ustedes) me hubieran conocido hace 13, 14 años, sabrían que esa declaración me dio muchísima paz, por el simple hecho de que a mis 21 años no me sentía lista para ser mamá. Temía seriamente echarle a perder la vida a alguien.

La relación que tengo con mi pequeño incluye mucha comunicación entre nosotros, risas, complicidad y diversión. Eso no deja de lado que soy estricta con ciertas cosas, como los horarios para jugar videojuegos, las tareas de la casa y estoy batallando mucho con el orden tanto en su cuarto como en sus trabajos.

Pero en sus trece años he logrado, contrario a todos mis temores de morrita asustada de 21 años, que sea un chiquillo feliz. Tiene sus defectos, como todos, pero es aventurero, ocurrente, bailarín. Quizá lo malo ha sido que al crecer con una madre geek y rodeado de adultos, de repente le cuesta socializar con chicos de su edad, pero incluso en eso estamos trabajando.

A veces tengo dudas, como cuando compré su regalo de cumpleaños y un par de personas me dijeron “ah, una sudadera… algo útil” como si el regalo fuera de lo peor. Pero si hubiera visto cómo la amó: era la sudadera de All Might, su personaje favorito de Boku No Hero Academia. Claro: soy todavía quien mejor lo conoce. Y debo seguirlo aprovechando mientras pueda 😅

¡All Might!

Me siento orgullosa, no tanto de mi labor, sino de él, de la persona en la que se está convirtiendo y las posibilidades que se abren a su paso. También me encanta compartir con él aventuras.

Escalando en «The Muro»

La verdad, mucho me ha sido fácil porque su temperamento es tranquilo y desde bebé daba pocos problemas. Desde muy chico durmió toda la noche, salvo un par de momentos donde ha tenido temas respiratorios, se enferma poco. Al ser tan racional, hace pocos berrinches y cuando le gana la frustración, busca cómo sacarla sin desquitarse con quienes lo rodean. Como tiene ángel, mis amigos lo adoran. Verlo ayer rodeado por mis amigos, festejándolo y deseándole lo mejor me llenó de felicidad.

Han sido trece años de mucho aprendizaje. No por ello ha sido fácil, pero en efecto: ya no soy esa hostess asustada, esa chica que juraba que no podía hacer nada con su vida y que seguramente le echaría a perder la vida a su hijo.

Sus ocurrencias y lo fácil que se ríe me han alivianado a mí muchísimo y creo que voy bien en lograr que se grabe esa idea: G puede ser todo lo que él quiera ser. Y poder verlo llegar a donde se lo plantee será una de mis mayores satisfacciones en la vida.

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Acerca de mi

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

 

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