Vanesa Puga

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

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¿Por qué sigues soltera?

¿Por qué sigues soltera?

¿Y por qué no?

En mi andar por aquello de las apps de citas (de alguna forma hay que conocer gente nueva), las preguntas que solían hacerme eran:

  1. ¿Eres soltera? Y ante mi “sí
  2. ¿Cuánto tiempo llevas soltera?

Cuando decía la respuesta (actualmente, llevo 6 años soltera), había hombres que me decían “¿qué está mal contigo para llevar tanto tiempo soltera?”

Confieso que sí hubo un momento de la vida en el que pensé que había algo mal conmigo. Finalmente, si nadie se había enamorado de mí en este tiempo, seguro yo soy la que está rota o mal o indeseable o algo ¿no?

¡Error!

Algo que sí he comentado mucho con amigos y conocidos es que la educación sentimental que hemos tenido durante años y años no ha hecho mucho daño. Hace poco ocurrió que estábamos en la casa de mi mejor amigo y sonó en radio una canción de pop en español bien corta-venas. Una amiga dijo “¿por qué son tan dramáticas las canciones en español?” y la verdad es que temo que en el idioma que gusten hay mucho dramatismo.

Nuestra educación sentimental

Yo nunca fui muy fan de las princesas Disney. Para mi gusto era mucho drama y muy poco cerebro. Quizá es por eso que no creo en el amor a primera vista. Creo que alguien te puede gustar con sólo verlo, pero de ahí a “fue un flechazo instantáneo”… not so much.

Sin embargo, películas, canciones, obras de teatro y demás parafernalia nos ha educado para creer cosas que no son tan sanas. Piensen en prácticamente cualquier comedia romántica. En serio:

Suele empezar con chico conoce chica que no está interesada en él. Acto seguido, el chico debe insistir e insistir e insistir para lograr que la chica acceda a salir con él. Cosas más, cosas menos, las comedias románticas tienden a idealizar comportamientos de acoso, como el insistir a pesar de que una ya dijo “no me interesa”. Lo que nos hacen pensar que son lindos detalles, como miles de llamadas perdidas, apariciones en lugares de trabajo/diversión como “por accidente” porque se aprenden el horario de una persona y un largo etcétera en la vida real solemos tomarlo como una insistencia/intensidad non grata. ¿Por qué en las películas es la forma de conquistar a la chica?

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Además del consabido: si te molesta es porque le gustas. ¿Por qué, explíquenme, el maltrato y la indiferencia deben calificar como “razones para creer que sí le gustas”?

Con estas ideas incrustadas en nuestra cabeza desde muy pequeños, es lógico lo complicado que se vuelve tratar de relacionarnos con otras personas. Hace poco le dije a una amiga: nos gusta complicarnos la existencia. Hasta encontré una imagen que tuiteé:

https://twitter.com/Nereavpv/status/1125030663562891265?s=20

Y claro, pasamos horas y horas tratando de convencernos de que si alguien nos trata mal es porque no sabe afrontar sus sentimientos. Cuando quizá, es que no hay dichos sentimientos.

El peso social

Añadamos a la ecuación el terrible peso de la sociedad. Hace muy poco uno de mis amigos más cercanos me preguntó que si he tenido citas o hay alguien rondándome. Otra amiga igual me preguntó qué tal me estaba yendo con el chico con el que estaba saliendo. Spoiler alert: sí salí dos veces con alguien que me mandó a la friendzone después de usarme de ego-booster (ya les contaré más de eso después).

Ninguno de los dos preguntaba en mal plan. Cuando le dije a mi amigo que no se burlara de mí, me dijo que no era burla.

Él: Son buenos deseos.

Yo: Es una historia horrible la mía. Empiezo a creer que sólo puedo tener fuckbuddies. Y ya.

Él: Pues la verdad yo digo que no. […] Te conozco y fuera del coqueteo que manejas de manera normal para todos y todas, no sé qué ven en tu forma de ser. No es que le tires el can a todo.

Yo: ¿Coqueteo parejo? 😳

Él: Le dices “corazón” a todos.

Yo: ¿Sabes qué creo?  Que cada vez más personas le tienen miedo al compromiso […] Necesito a alguien que no le saque a que sé perfecto qué quiero, que tengo un hijo y que soy fregadamente apasionada.

De ahí la conversación derivó a mis metas y demás. Pero sí sentí un poco el “¿por qué sigues soltera?”

Las veces en que más me ha pesado estar soltera han sido las bodas de mis amigos. Principalmente porque en esos momentos pareciera que soy la única que no tiene pareja. Por ejemplo, en la boda de mis amigos Xime y Armando, todos llevaban pareja. Me pegué la aburrida de mi vida porque no tuve con quién bailar. Y cuando ves a todos emparejados y felices, es inevitable pensar “¿Qué estoy haciendo mal que estoy yo sola?”.

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Pero drama aparte, es común que la gente primero se sorprenda porque estoy sola y luego suelte de forma velada el que seguro hay algo mal conmigo por ese hecho…

Pero no quiero tener novio

En mi última sesión en terapia hablé un poco del tema con la psicóloga y la conclusión fue: no tengo pareja porque no quiero. No es mi prioridad en esta vida tener novio.

Cuando troné con mi último ex, en mayo de 2013, fue dos años más tarde de lo prudente (la relación empezó a sacar lo peor de ambos y nos hicimos mucho daño por aferrados a algo que ya no jalaba). Por lo mismo, me tomó como año y medio recomponerme, reencontrarme y sentirme lo suficientemente entera como para transitar por la vida. Ello causó que no aceptara andar con alguien de quien estaba muy enamorada. Bueno y porque él tampoco estaba muy entero. Y quizá ahorita él sería la única persona con la que me aventaría a andar, si se diera la oportunidad.

Pero independientemente de ello: los años que han seguido los he usado para enfocarme en mí. Qué quiero, cómo lo quiero y cómo lo construyo. He disfrutado saliendo con mis amigos, armando mis planes a mi ritmo y en pocas palabras: haciendo lo que se me da la regalada gana.

Nunca he sido una mujer que pida permiso para hacer las cosas, pero sí tuve que cuadrar mi agenda y negociar con mi exnovio para poder armar planes, por ejemplo y me da mucha pereza pensar en tener que hacer eso en este punto de mi vida.

Ilustración de Idalia Candelas

Se lo dije a mi psicóloga: no quiero tener novio. No es mi prioridad en este momento. Y no creo que eso esté mal. Me permite vivir a mi ritmo.

Tampoco es que esté negada y no quiera nunca más tener pareja, pero ya me cansé de los babyman o los manchild o como quieran decirles. Esos hombres que no tienen proyecto de vida propio y que, ante su incapacidad de retarse a sí mismos para definir qué buscan, me la arman de a tos a mí por sí tener claro qué deseo.

En dado caso, para mí una posible pareja debe hallar el punto medio entre admirarme por lo que soy y lo hago y tener seguridad en sí mismo sin hacerme menos.

Yo no creo que debo buscar a mi media naranja porque soy una mujer completa. Más bien, una pareja para mí es un compañero de viaje en esta cosa llamada vida. Y como hasta el momento no ha surgido candidato, pues mejor sigo sola a mi ritmo. Y ojo: sola mas no en soledad.

Mi red de amigos me ha demostrado en más de una ocasión lo bien acompañada y protegida que estoy. Eso marca mis estándares para cualquier otro tipo de relación.

Adiós, estereotipos románticos cutres

Por lo mismo, no estoy interesada en alguien que no se atreva a decirme las cosas de frente, que finja indiferencia o que se espante porque yo soy derecha y siento las cosas de forma muy profunda. Conmigo no hay medias tintas. Ya no creo que sea necesario fingir demencia cuando alguien me llama la atención, ni decir medias verdades para que la gente “no se espante”.

Tampoco creo que si me ignoran es porque les gusto, ni que el intensearme y exigirme atención de formas que ni mi hijo me pide implique que son el amor de mi vida (en realida: necesitan terapia, chavos. Para mayor referencia, les recomiendo recordar mi historia de terror en Bumble).

Así que así estoy bien. Si alguien llega a unirse al viaje, adelante. Y si no, tampoco es que esté mal.

Ilustración de Jennifer Vallez 

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2 comentarios

  1. Agua Cate

    21st May 2019 - 4:50 am

    Bien dicho. Exactamente loque siento yo llavando ocho anos soltera o mejor dicho en symbiosis conmigo. No se valora la mujer autosuficiente porque espanta. La idea de una mujer capaz de hacer un monton de cosas sola espanta porque no se conforma a loque se supone ser una mujer cumplida. Pues me siento tan orgullosa de haber aprendido a ser una buena companera de viaje para mi misma. Y mas fuerte como para seguir mi camino a mi paso. Es que nos educaron para ser «fragiles» y depender de alguien. Cuesta desaprender la norma para por fin encontrarse. Claro que en un Momento cuando sea lista mi camino se crucara con el camino de un justo y buen compadre. Hasta alla siguo paseandome por el mundo ojos y mente abiertos y corazon ligero y libre.

    • Vanessa Puga

      24th May 2019 - 2:26 pm

      ¡Corazón ligero y libre! Qué bonita idea. Sí, seamos libres y nuestras mejores acompañantes, que somos quienes estaremos con nosotras mismas hasta el fin de los días 😉

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Acerca de mi

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

 

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