Vanesa Puga

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

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Donde las pasiones de una escritora se entremezclan
Play it Loud! The Goo Goo Dolls

Play it Loud! The Goo Goo Dolls

No puedo vivir sin música. La mejor descripción que he hallado fueron palabras de mi amigo David, aka crashdrummer, cuando me dijo cómo iba a definir su columna en la fallecida revista Kya!

“La música mueve el espíritu y si suena lo suficientemente fuerte, mantiene lejos a los demonios.»

Crashdrummer, 2014.

En ese entonces, la columna fue nombrada Play it Loud! y justo en su honor, mis textos sobre música llevarán ese nombre.

Dicho lo cual, a lo que nos truje.

Una historia del pasado

El lunes (13 de mayo de 2019) fui con mi amiga Hele al concierto de The Goo Goo Dolls en el Pepsi Center. Esta banda no había venido a México y la verdad es que creo que hoy en día muy pocos los ubican. Su gran éxito fue Iris, que sonó como la canción principal de la película Un Ángel Enamorado, un remake gringo de una peli europea (no recuerdo si francesa o alemana, me parece que francesa… disculpen, tengo flojera de googlear).

Si vieron el video, súper noventero el asunto. Es por ello que esta banda me remite a mi prepa (bueno, yo estuve en prepa entre 2000 y 2003, pero me entienden). Yo les ubicaba más canciones, como Slide y Black Balloon porque mi hermana me las presentó. En esa época, mi hermana se llevaba muy bien con Hele, quien le compartió muchas de sus obsesiones musicales.

Estas obsesiones musicales viajaron conmigo cuando me fui lejos de la Ciudad Monstruo, particularmente cuando quise darle una segunda (o más bien, tercera) oportunidad al papá de G en Cancún. En mi celular llevaba varias canciones, aunque principalmente eran del OST del anime Cowboy Bebop. Sin embargo, cuando mi familia me mandó varias de mis cosas con una mudanza, llegaron varios de mis CD’s quemados (porque inicios de los 2000) y entre las canciones estaba Here is gone, mi favorita por excelencia de The Goo Goo Dolls. La letra de esta canción me fascinaba de una forma quizá insana.

Preludio a la despedida

Cuando terminé con mi exnovio en 2013 (que no el papá de G, a él lo boté en 2008), la rola me daba muchas vueltas en mi cabeza. Tanto que acabé por garabatearla en uno de mis cuadernos. La tarareaba de la nada y me persiguió por un buen rato. Tan así que cuando mi hermana, al organizar mi fiesta de 30 años (mis dobles XV) y asignar a David como el DJ oficial, él la puso en cierto punto de la noche. Al empezar, yo me emocioné:

Yo: ¡Amo esa canción!

Él: ¡Lo sé! 🙄

Creo que lo había hecho alucinarme, y eso que no era que lo obligara a escucharla, ja.

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Lo que ni David ni los demás sabían era que esa canción estaba tatuada en el fondo de mi cabeza, no por mi exnovio, sino por el papá de G. Cuando vivía con él en Cancún, escuchaba la canción de forma frecuente. Y un buen día le pregunté a él: “¿Qué crees que signifique Here is gone?” Él me contempló con cara de “si serás idiota” y me dijo que claramente era una despedida de algo que ya no funcionaba.

Algo me hizo clic en ese instante. Lo que ya sabía de cierta forma se visualizó frente a mí de golpe: yo ya no quería estar ahí.

And I want to get free
Talk to me
I can feel you falling

Here is gone, The Goo Goo Dolls

Nos habíamos distanciado desde hacía tanto tiempo, que lo nuestro estaba más que muerto. La última vez que puse esa canción en aquel departamento de Cancún fue cuando estaba guardando mis cosas, hacienda mi maleta, para irme y nunca volver. Desde aquel julio de 2008, la canción se pasmó dentro de mi ser como la despedida de cuando ya no estoy cómoda en algún lugar, de cuando algo se rompe, de cuando sé que me echan toda  la culpa de una situación de dos.

Catarsis necesaria

Avanzamos en el tiempo y llegamos al concierto del lunes. La verdad para mí fue un poco triste ver que estaba medio vacío, pero mi amiga Hele lo había augurado: la gente nada más ubica Iris, así que poca gente iba a ir. Mejor para nosotras. Hele me avisó que iba a ser mucha catarsis para ella, pues muchas de las canciones también la acompañaron en momentos complicados.

Inició el concierto y con él, mi emoción subió de una forma quizá alentada por la cerveza que estábamos bebiendo. Ustedes lo saben: hay magia en escuhar música en vivo. Hele ya había revisado cuál sería el setlist de la noche, pero me preferí sorprenderme.

Cuando Slide y Black Balloon sonaron me emocioné, más por el hecho de conocerlas que por otra cosa. Sin embargo al primer acorde de Here is gone, girté de forma desaforada y la piel se me puso chinita. La canción que jamás pensé que escucharía en vivo estaba ahí. No se imaginan cómo sentí que se limpió mi alma al momento de gritar (porque no califica como cantar) esa letra a todo pulmón, con el corazón acelerado y escalofríos recorriéndome. La música puede ser muy liberadora y sé que todos tenemos un soundtrack personal. En ese instante grité como hubiera amado gritarle en 2008 y en 2013 a mis exes todo lo que se había roto, todo lo que ellos me culpabilizaron, todo lo que decidí cargar y aceptar como mío, a pesar de que no lo era. Fue un momento de catarsis absoluta. Una limpieza profunda de mí misma.

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Creo que es maravilloso tener la oportunidad de ver a una banda de tu adolescencia y gritar a todo pulmón las canciones, a pesar de que pasen los años y los artistas se restiren la cara con Botox para no verse tan viejos.

Tal como predijo Hele, tras sonar Iris muchas personas empezaron a irse. Creo que incluso la banda lo sabe, porque en su setlist esa rola es el cierre del concierto, más dos canciones para el encore. Spoiler alert: ni se molestaron en salir y volver, se las echaron seguiditas para salir e irse, sin esperar a que nadie le spidiera más. Pero yo ya no tenía nada más qué pedirles. Con escuchar esa canción en vivo ya me habían cumplido más allá de mis expectativas.

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Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

 

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