Vanesa Puga

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

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Donde las pasiones de una escritora se entremezclan
No me gusta junio

No me gusta junio

Llevo una semana enferma (fucking again) totalmente fuera de combate. La semana pasada, el miércoles, empecé a sentirme mal, como que me iba a dar gripa. El jueves desperté con combo de migraña, cuerpo cortado y algo de fiebre. Estuve en cama cuatro días seguidos. El lunes fui a la oficina, en calidad de zombi, y salí como a las 6:30-7:00 pm. El martes me sentía terrible y tuve que volver a faltar miércoles y jueves. Bueno, hice home office, but still

Mi jefe es bien paciente conmigo, pero ha habido varias cosas en el trabajo que requieren arreglo ASAP (odio ese acrónimo 😅) y andar fuera de combate por una gripa no es plan. Muchos me dijeron que era el estrés, pero para ser honesta, a pesar de ciertos detalles, mi chamba está súper relax, o sea, ¿estrés? ¿yo? Pfffft.

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Di todo lo que sientes

El tema es que en estar fuera de combate me perdí de otras cosas, como el ver Good Omens en maratón con alguien que de verdad tenía muchas ganas de ver y compartir la miniserie que he esperado por meses, mi juego de rol en su segunda sesión de aventura (mi personaje se perdió, aparentemente, ante mi ausencia), llevar a G a un concierto de Radaid y poder ver a mi querida Mar.

Fue justo Mar la que me dijo, entre los remedios de tecitos, miel y descanso: “Di todo lo que traigas, a veces nos enfermamos por guardarnos las cosas”.

Primero pensé seriamente en las cosas del trabajo y el beef que a veces parece que traigo con alguien de ahí, pero la verdad eso no me trae de cabeza. Las cosas en la casa van bien, aunque sigo sin encontrar a dónde me mudaré (maldito miedo a la propuesta de ley de morosos) y de repente, al mencionarlo a alguien más, caí en la cuenta: ¡es junio!

Benditos dioses que mañana me toca terapia. Odio junio. Siempre digo que no odio a nadie, pero al mes de junio sí lo odio. Y es bien rara la mente y la forma en que lidia con las cosas.

Uno puede pensar que no es posible odiar un mes, particularmente si como a mí, les gusta la lluvia. El inicio de la temporada de lluvia constante en la Ciudad Monstruo no es molesto para mí. Pero junio… ¡oh, junio de mis desamores!

Larga historia de descalabros

Durante mucho tiempo temí la llegada de junio. Recuerdo dos pleitos muy fuertes con mi padre en mi vida. Dos pleitos que fueron disparadores de que mi papá dejara de hablarme y que, como piedras lanzadas al lago, las olas irrumpieran en la tranquilidad de toda la familia. Ambos fueron en junio.

Y entonces pienso en mí, echa bolita en mi cama en el cuarto de servicio, una chica de 25 años, con su entonces novio abrazándola y acariciando su cabello, abatido por no saber qué decir o qué hacer para que dejara de llorar. Pienso en mi corazón roto en mil pedazos preguntándome qué hice mal, preguntándome por qué no me amaba mi padre. ¿Qué había tan malo en mí que mi propio padre no podía quererme, así como era? Afuera del cuarto llovía y mi entonces novio no sabía cómo animarme. Pero era un dolor que él no podía comprender.

Las relaciones humanas son complicadas, pero a veces creo que porque las complicamos nosotros: las cargamos de expectativas. ¿Cuántas veces no hemos tenido diálogos paso a paso de cómo sería equis situación y cuando llegamos a ese punto, el otro se sale del guion que trazamos mentalmente? Y ahí todo se descontrola.

A mí era lo que me pasaba con mi papá: sabía que yo no estaba a la altura de sus expectativas y me desgasté por mucho tiempo tratando de estar donde él esperaba que yo estuviera, sin dejar de ser yo misma. Pero era tratar de jugar dos papeles al mismo tiempo.

Aprendí a irme con tiento en junio y me sorprendía cuando llegaba el final del mes y no me había peleado con mi padre. Había muchas fechas escabrosas: su aniversario de bodas, el día del Padre, el cumpleaños de mi papá. Tenía que transitar por esos días de puntillas, tratando de no mover las aguas, de ser como sedita.

Son cosas que sigo teniendo atoradas. Y luego pregunto ¿por qué me enfermo? Pero bueno, mañana toca terapia. Ya sé de qué hablaré. Y a ver si soltamos esas cosas que me siguen jalando, a años de que la situación cambió. Por algo voy con la psicóloga, ja.

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Acerca de mi

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

 

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