Vanesa Puga

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

Sígueme

Donde las pasiones de una escritora se entremezclan

MUNDO DIGITAL

Todo lo relacionado con manejo de redes sociales.

La burbuja digital de los medios de comunicación

La burbuja digital ha explotado, ¿qué podemos hacer?

El amor en los tiempos de Bumble

(Y la
desesperación, también)

Les voy a contar
una historia de terror.

Hace un par de
semanas, en un momento de aburrimiento y de “¿qué es lo peor que puede pasar?”,
abrí Bumble. Para quienes por algún motivo no lo ubiquen, Bumble es una app de citas, al estilo de Tinder:
vas pasando perfiles y das a la izquierda si no te interesa lo que ves o a la
derecha si sí te interesa. La posibilidad del amor à la carte, si gustan. (Concepto
que no me encanta, pero creo que va de la mano con la modernidad líquida de
Bauman.)

La diferencia con
Tinder es que, si hay match, es la chica quien debe dar el primer paso. Una vez
hecho el match, la mujer tiene 24 horas para mandar un primer mensaje que, a su
vez, tiene 24 horas para ser contestado o el match desaparece. Es una forma de
asegurar 1) que los usuarios estén dentro de la app y 2) que haya verdadero
interés entre los que hicieron match.

En la teoría,
suena bastante bien. Al menos una se ahorra mensajes iniciales de “Hola, quiero
cogerte” (true story en Tinder), porque si empiezas con una pregunta la
conversación de meeeeenos deben responderte esa pregunta.

Pero finalmente
sigue siendo una app donde te basas en una foto y, en el mejor de los casos,
una descripción de perfil para tratar de decidir si te late o no la persona.
[Chavos, pro-tip: si van a darse de alta en una app de este tipo, mínimo digan
algo sobre ustedes y no suban puros memes como fotos de perfil, no se ayudan.]
La plática suele ser lo que ayuda a ver si una quiere o no conocer al
interlocutor del otro lado de la pantalla.

Llevo años de
entrar y salir de ciertas apps. Jugué con Tinder un buen rato, pero realmente
sentía que ahí todos buscaban únicamente sexo y, aunque incluso tuve un rato de
ver cuántos eran abiertos sobre su interés sexual para conmigo, de verdad el
“qué buenas nalgas se ve que tienes” no es un piropo, gente. Así que hace casi
un mes, intenté probar suerte en Bumble.

Con el
escepticismo que caracteriza a mi corazón sarcástico, dudaba mucho que fuera a
hallar nada más allá de —en el mejor de los casos—  un par de amigos, sin embargo,
nada había qué perder, ¿cierto?

Además, esperaba
que con mis experiencias previas en Tinder y mis medidas de seguridad, nada
grave ocurriera.

Pero olvidé hacer
caso de las señales de alerta que pueden surgir durante una conversación.

La desesperación por tener atención

Resulta que entre
los matches que hice, hubo un cuate
que me empezó a escribir diario. Al principio era una charla tranquila, donde
de vez en cuando metió algún tema/pregunta sexual. No me espanta ese tipo de
conversación, creo que soy una mujer que habla de forma muy directa. Él empezó
con que nos viéramos. Y sí me daban ganas de verlo en persona, pero justo tuve
una racha de trabajo pesado seguida de una infección de vías urinarias un poco
fuerte. Ahí fue cuando apareció la primera señal, a la que no le hice caso
(tontamente).

Él 🧔🏻: Quiero verte hoy

Yo 👩🏻: Estoy enferma y con algo de fiebre.

🧔🏻: Con un beso se te quita.

👩🏻:… (me quedé dormida por la fiebre)

🧔🏻: ¿Por qué me dejas en visto?
👩🏻: Eres bien sentido, ¿verdad?

🧔🏻: Sí, mucho, y tú me ignoras.

👩🏻: No te ignoro, pero me siento mal.

🧔🏻: Ya no quieres hablar conmigo.

👩🏻: [inserte aquí anécdota del trabajo]

🧔🏻: ¿Ya acabaste de quejarte?

👩🏻: ¿No querías que te contara algo?
🧔🏻: Vaya que estás de mal genio hoy.

⚠️ ¿Las notaron?

De ahí, empezó a
decirme que ya no sentía la misma conexión, que habíamos dejado pasar demasiado
tiempo para vernos y las cosas se estaban enfriando y que sentía que me caía
mal. Quizá usted, amable lector, se pregunte por qué no lo mandé por las cocas
en ese momento. Lo cierto es que de verdad me sentía muy de la fregada por
causa de la mentada infección, así que no supe leer ese drama como lo que era:
drama que no necesito en mi vida.

Resultó que nos
pusimos de acuerdo para vernos al lunes siguiente, considerando que yo me
sintiera mejor. Llegó el lunes. A las 6:00 pm, el individuo me escribió
preguntándome que si nos veríamos. Respondí que sí, a las 8:00 pm como habíamos
quedado. Se enojó, me reclamó que habíamos quedado a las 7:30 pm. E inició una
discusión en mensajes de texto:

🧔🏻: ¿Entonces?

👩🏻: Te dije que sí [nos vemos]. ¿Qué más falta que te diga?

🧔🏻: ¿No me quieres hablar un poco peor? Qué te pasa. Si afirmas que quedamos a las ocho estás en un error y por eso te pregunté qué onda.

👩🏻: No es mi intención ofenderte. Me sacó de onda que me preguntaras qué onda si ya habíamos quedado. Por el tráfico no sé si llegue 7:30 porque se pone pesado por acá. Haré lo posible por llegar a esa hora, pero no lo aseguro (eran las 6:38 cuando envié ese mensaje)

🧔🏻: Ya ando atrás del WTC (6:39) ¿? (6:46 pm)

👩🏻: ¿?

🧔🏻: Me lleva. Entonces ¿me espero o no?

👩🏻: 😕 Supongo que no. (6:50 pm)

🧔🏻: Es que de verdad parece que te estoy interrogando. Te pasas.

👩🏻: Andas muy desesperado ¿no?

🧔🏻: Y tú andas como que te vale madre todo. Tampoco era a fuerza, ¿eh?

👩🏻: No me vale, pero no estoy a dos pasos de llegar.

🧔🏻: Tú pusiste la hora y el lugar.

👩🏻: Pero te comenté que antes iba a pasar a otro lado, ¿te acuerdas?

🧔🏻: Mira, mejor lo dejamos ahí.

👩🏻: Pero no son ni las 7:30 aún, por eso no entiendo, me estoy apurando (6:53 pm)

🧔🏻: ¿Entonces? Ya le di la vuelta a la manzana. Es que es bien duro que digas algo, caray.

👩🏻: Eres bien desesperado.

🧔🏻: ¿Algún otro defecto mío que quieras puntualizar?

👩🏻: Nah. No soy tu mamá. Y la verdad, no tengo por qué aguantarte tus dramas, si a nadie más se los tolero. Suerte ✌🏻 (lo bloqueé a las 6:56 pm)

Uno esperaría que
tras eso, me dejaría en paz ¡pero no! Me empezó a marcar por teléfono. Dejé que
sonara: una, dos, tres veces. Aproveché lo que parecía una pausa en su afán por
marcarme para bloquear el número e impedir que entraran sus llamadas. ¿Y qué
creen? Me contactó vía Bumble, amenazándome con exponerme en internet. Bloqueé
y reporté en la app al susodicho y me quedé pasmada.

Está bien: desde
la conversación que les menciono al inicio de la anécdota hay elementos de
peligro. Una necesidad implacable por atención y una gran molestia cuando no se
le da. Además de la intenseada hora y
media
antes de la cita. ¡La primera cita! ¿Qué clase de primera impresión
es ésa?

Tan vírgenes en amor

El tema con las
apps, al menos la impresión que me da, es que dentro de la inmediatez y el
mercado de carne que se puede volver:

Normalmente uno entra para subir el ego.
Acumular likes/matches sirve para sentirse
(aunque sea por un momento) mejor con uno mismo.Iniciar una charla de la nada no es tan fácil,
faltan los puntos en común. ¿Cómo sabes con una foto y una bio de 140
caracteres (bueno o de la longitud que sea) si de verdad hay compatibilidad o
punto de encuentro?La facilidad de coleccionar matches ha
hecho cada vez más superfluas las relaciones. Y a veces me parece que es
resultado del temor que tenemos como sociedad a expresar los sentimientos. El sex
drive
parece ser el motivo más básico para entrar a esos lares digitales.
Uno busca pareja para no estar solo y para tener con quién coger, pero no realmente
con quién conectar.

Hace poco vi una
imagen que decía:

Y en efecto, lo es. La calentura predomina en esos lares. Sexo à la carte, descaro por estar envalentonados por estar protegidos tras una pantalla. Sin embargo, también hay una enorme soledad, se ve en los mensajes enviados a un extraño esperando respuesta casi inmediata, en la esperanza de tener a quién decirle “buenos días” y “buenas noches”.

Claro, de vez en cuando puede haber una conexión real con alguien, esos casos fortuitos donde no es el sex drive lo que motiva, sino de verdad el interés de conocer a alguien. Ésas son las puertas que no me interesa cerrar. Fuera de eso, creo que ya me quedé curada de espantos y mejor me abstengo de seguir experimentando en esos lares.

¿Reseñar libros gratis?

¿Les gustaría recibir libros antes de que lleguen a las librerías?

La librería online que rulea

¿Quieren comprar libros en línea? Este sitio es el lugar para ustedes

¡Clasifica todos los libros!

¿Les gusta tener sus libros en orden? Esta app es para ustedes.

Círculo de lectura por correspondencia

De repente, se me ocurrió armar un grupo de lectores por correspondencia…

Comunidades bibliófilas

En la revista Letroactivos, les platiqué a los lectores acerca de cuatro cuentas en diferentes redes sociales que los bibliófilos deben seguir.

Gracias a ese post uno de mis tuiteros bibliófilos consentidos, @mrdavidlesmore1 me sugirió seguir el Pinterest de @quelibroleo otra de las cuentas con bellas imágenes para bibliófilos que encima de todo está formando comunidad con su tablero “Comparte un libro” donde invitan a los usuarios a subir fotos de libros de recomendaciones.

Eso me hizo pensar en proyectos que permiten compartir esa obsesión con las letras. Aquí les traigo el recuento de algunas comunidades de lectores/escritores que hay que revisar:

Que Libro Leo:
Estos chicos tienen su página con blog, círculo de lectores y recomendaciones de libros. Ustedes pueden marcar qué libros han leído y recomendar sus favoritos. Además, generan comunidad en Pinterest, Twitter y Facebook. Todo un treat para los fans de las redes sociales bibliófilas.
www.quelibroleo.com

Lecturalia:
Un clásico que sigue siendo cool y vintage a la vez. Su look sigue siendo el mismo de cuando lo descubrí allá en el 2000 (uy, ¿por qué siento que ya llovió?) pero trae un montón de noticias frescas del mundo de las letras, incluyendo concursos literarios alrededor del mundo.
www.lecturalia.com

Me Gusta Escribir:
La red de la editorial Random House Mondari para Iberoamérica. Ustedes se pueden registrar como escritores y subir tan simple como en un blog sus textos para que los lean. ¿Quién sabe? Quizá Random House decide publicarlos.
www.megustaescribir.com
Me gusta Leer
La comunidad de Random house para lectores: concursos, noticias, la posibilidad de seguir a escritores contemporáneos, ebooks y más
www.megustaleer.com

Novelistik:
Proyecto 100% mexicano que busca fomentar la comunidad lectora-escritora. Se suben libros por publicación semanal, quincenal, mensual o la que el autor prefiera. La idea es que los lectores se suscriben por mes y al escritor le pagan por capítulo leído. Siguen con ajustes, pero a mí me late el emprendimiento mexicano.
www.novelistik.com
Literatura Nova:
Otra red social para escritores de habla hispana. Aquí los lectores dan follow y en cuanto hay nuevas publicaciones se les avisa a los lectores. Además de que en Twitter los chicos de Literatura Nova avisan los contenidos más recientes.
www.literaturanova.com
En todas las mencionadas lo importante es formar comunidad pues es a través de los comentarios, likes y shares de los usuarios que va creciendo lo que se sube en estas redes. Todas cuentan con sus perfiles en Twitter y Facebook de cajón y son en español. Vale la pena dar una ojeada a lo que se comparte. Claro, no todos son el siguiente Miguel de Cervantes, pero es divertido echar una miradita a esos mundos de cabezas ajenas. ¿Ustedes participan en alguna comunidad bibliófila? ¡Compartan conmigo!

El celular de Hansel y Gretel

Para poder leer, debemos poseer cierto bagaje, ciertas referencias que enriquezcan el texto. Uno de los grandes “problemas” (así, entre comillas, ya explicaré después por qué) a los que se enfrentan los mediadores de la lectura con los niños posmodernos que parecen ser nativos digitales es que carecen de cierto bagaje y los cuentos clásicos no acaban de cuajar en sus mentes porque les cuesta imaginar esa realidad alterna, ese otro mundo que traza la Literatura. Bien, hay muchos asegunes a lo que acabo de decirles. Pero, para calentar la discusión, les quiero compartir el siguiente texto que encontré ayer de Hernán Casciari que plantea muy bien el debate:

El celular de Hansel y Gretel

Por Hernán Casciari

Anoche le contaba a mi hijita Nina un cuento infantil muy famoso, el de Hansel y Gretel, de los hermanos Grimm.

En el momento más tenebroso de la aventura, los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un  sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer.

Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: ‘No importa. Que lo llamen al papá por el celular’.

Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura -toda ella, en general- si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años.

Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.

Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía.

Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace.
¿Ya está?
Muy bien. Ahora ponga un celular en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un  teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de  texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.

¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier  sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona para nada?

Nina, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las viejas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor.
Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate.

Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria.

Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.

Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí.

Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana.

Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han  tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.

Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el  bolsillo de la camisa.

La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar,  se suicida de verdad. (Perdón por el espoiler).

Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:
M HGO LA MUERTA,
PERO NO TOY MUERTA.
NO T PRCUPES NI
HGAS IDIOTCS. BSO.

Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del Siglo XIV hubiera existido la promoción ‘Banda ancha móvil’ de Movistar.

Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados.

La tecnología, por ejemplo, habría  desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría ‘Cien años sin conexión’: narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia,
aureliano_goodmorning) pero a  nadie le funciona el Messenger.

La famosa novela de James M. Cain -‘El cartero llama dos veces’- escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría ‘El gmail me duplica los correos entrantes’ y versaría sobre un marido con esposa infiel que descubre (leyendo el historial de chat de su  esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir.

Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos. Por ejemplo, ‘Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura’, la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo.

En la obra ‘El jotapegé de Dorian Grey’, Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpeta Images de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición.

La bruja del clásico Blancanieves no consultaría todas las noches al espejo sobre ‘quién es la mujer más bella del mundo’, porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90 la conexión y 0,60 el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.

También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi.

Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su  amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas.

Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa. La telefonía inalámbrica -vino a decirme anoche Nina, sin querer- nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.

Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?

No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá.
Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador.

¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma.

Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan.

Nuestras tramas están perdiendo el brillo -las escritas, las vividas, incluso las imaginadas- ¿por qué? Por que nos hemos convertido en héroes ausentes y perezosos…

Material descargable, nueva sección

Me gustan muchas cosas. Estudio muchas cosas. Trabajo en demasiadas cosas como para meterme en un pequeño molde y ponerme una etiqueta. Con esa premisa, he decidido subirles material descargable en la pestaña del mismo nombre para que puedan ir bajando lo que les agrade. Todo el material que subiré es de mi autoría y en caso contrario pondré quién es el autor y jamás subiré completo algo que pudiera tener derechos de autor, pues respeto el trabajo ajeno. Si acaso serán resúmenes o citas y con su consabida ficha bibliográfica (¿Qué quieren, I´m old school).

Espero que hallen cosas útiles entre lo que les iré compartiendo.

Vencer el estrés con buen ocio

Viene una confesión que, para los que me conocen bien no es sorprendente: soy muy aprehensiva. Me puedo estresar con facilidad y hace poco se lo comenté a mi novio “No sé relajarme”. Claro, cada que platico de mis problemas con los que me rodean (compañeros de la escuela, amigos, familia, mi pareja, compañeras del trabajo) la gran respuesta es “Debes aprender a relajarte” pero lo que nadie me decía era cómo. Ayer y hoy salió el tema con mi novio y me dijo algo muy simple “A mí me gusta ver videítos en YouTube para relajarme”. Le dije que temía perderme en ese vasto mundo donde hay cosas tan interesante y por eso lo evitaba.

Pero, siendo honestos, al ser madre de un pequeño de 6 años, Directora de una revista de Arte, Cultura y Entretenimiento, maestra de Creatividad en Kindergarden, estudiosa autodidacta, editora y mil cosas más que hago en mi día a día, hay momentos en que acabo no agotada sino lo que le sigue. Y no me malentiendan AMO todo lo que hago, pero me cansa. Pensar, una de las actividades que más hago (sin presumir) es muy cansado. Agréguenle a eso aguantarle el paso a 300 alumnos de entre 3 y 7 años más mi propio hijo y un novio gastrónomo filósofo por naturaleza… las horas del día no bastan para abarcar todo lo que desearía hacer.

Y hoy, estallé. Después de que mi pobre novio llevaba aguantándome el ritmo “olla exprés” con un continuo “Relájate” por más de tres semanas, la verdad es que acabé mal. Y él volvió a decirme “Pues hago cosas que me gustan como ver videos en YouTube, jugar Minecraft o leer”.

No tenía cabeza para leer (que suele ser mi medio de escape) y no tenía ganas de escribir porque andaba en un mood muy depresivo, así que en vez de cortarme las venas con galletas de animalitos y hacerme “marañas mentales” que en nada ayudan a relajarse sino que por el contrario alimentan el estrés, opté por irme a eso que tanto había evitado: YouTube.

Pues bien, ayer mi novio me platicó del Idea Channel en este buscador de videos, así que me fui directo a buscarlo. Desde ayer me había intrigado con su video “Is YouTube making us smarter?” así que decidí verlo:

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=8qjge9U_MiA]

Ups, perdí. Me pudo encantar el concepto de este canal de YouTube y, además de que me dejó pensando mil cosas (que les mandé por mail a estos chicos) me aventé una hora viendo videos de ellos. Llegué a éste sobre los Mashups:
[youtube http://www.youtube.com/watch?v=5LiOIJ-M9F4]
Al verlo llamó mi atención este estúpido mashup que me hizo reír mucho:
[youtube http://www.youtube.com/watch?v=kfadLhw14l8]

Sí, ya se me había olvidado lo que me había hecho estallar. Mi mente estaba demasiado ocupada (y divertida) con las ideas que Idea Channel había despertado, la simpleza que el mashup brindaba y la tarea de recordar otras cosas que me han llamado la atención en YouTube y no me había dado el permiso de ver. Así que me fui a buscar RSAnimate, esos videos en los que te platican de cosas bien interesantes con dibujitos. El que ya me sabía de memoria era el de el Paradigma de la Educación, así que busqué otros nuevos. Di con éste que habla de la motivación (y me hizo pensar muy felizmente en mi equipo de trabajo en la revista):

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=u6XAPnuFjJc]

Cuando acabé de verlo, me fui a buscar otro y otro y otro más hasta que me gruñó la panza. De repente se me habían escurrido dos horas y cacho viendo videos. Pero la verdad, en lugar de pensar “¡Qué pérdida de tiempo!” me sentí aliviada. Por primera vez en un buen rato estando a solas me sentí relajada. No que no haya podido tranquilizarme estando con mi novio o mis amigos, pero en el momento en que le daba un momento de ventaja a mi aprehensión ya en soledad, el estrés volvía.

La verdad es que es muy necesario el ocio. Y eso por supuesto que lo sé, lo sé de memoria. Pero el tiempo acelerado en que vivimos así como las necesidades económicas y el cumplimiento de diversos roles sociales de repente hacen que llevar de la teoría a la práctica las ideas sea complicado. Y nótese, soy una mujer que hace lo que ama para vivir y disfruta su día a día como no se imaginan. Sin embargo, todo en esta vida tiene límites, así como todo en esta vida tiene su momento. Por ello tener un rato de ocio diario es necesario, así como un rato con uno mismo, no para masticar los problemas sino para la verdadera introspección y resolución de cosas en la vida. El balance, ese punto medio del que los griegos nos hablaban hace siglos, sigue siendo una cosa difícil de encontrar. Quizá más dura de hallar hoy en día.

Quizá, si vieron todos los videos que puse arriba, podrían argumentar que no son realmente de ocio si despiertan preguntas, dudas, si me hacen pensar (bueno, salvo el mashup que es una llana tontería) e incluso podrían decirme como mi novio “Qué ocio tan estudioso” y estarán en lo correcto. Pero es un estudio de cosas a las que no me dedico en el día al día y simplemente disfruto porque son un rompimiento de mi rutina y de las circunstancias que en mi aprehensión pueden provocarme estrés.

Leer dejó de ser una forma de relajación para mí porque tengo que leer todo el día ya sea para preparar mis clases, para realizar mi tarea de la escuela, para editar o para contestar correos de la revista y del trabajo. Hay veces en que, cosa rara, ya me da flojera.  No sé si sea así para todo el mundo, pero creo que el ocio también tiene que ver con dejar de hacer lo que hacemos a diario. Es decir, yo disfruto mucho mi trabajo, y me declaro mujer de letras (así que leer me encanta) pero se ha hecho tan de mi día a día que de repente ya no sirve para relajarme. En cambio, ver videos probó ser no sólo una forma de tranquilizar mi mente y distraerme sino muy efectiva para combatir el estrés que me estaba carcomiendo. ¿Por qué dejé tanto tiempo sin sano ocio en mi haber? Porque ya no sabía ser ociosa.

Viviendo en una época alterada en que todo va a velocidad indecible y la memoria y la reflexión van perdiendo terreno, el darse tiempo para el ocio real, para enfocar la atención en una sola actividad que resulte relajante parece una tarea dura. Al menos para mí lo fue. Ya hallé un medio de escape y relajación.

Y ustedes ¿qué hacen para relajarse?

Acerca de mi

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

Sígueme

×