Vanesa Puga

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

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Donde las pasiones de una escritora se entremezclan
Los hombres de los que hay que huir

Los hombres de los que hay que huir

En mis 34 años de transitar por la vida… no esperen, empecé a tener citas y a interesarme en hombres a eso de los 17 años. Chale, ya es la mitad de mi vida. Bueno, en mis 17 años de lidiar con el sexo opuesto, me he topado con 3 clases de chicos— que no hombres, ya explicaré— que tengo bien identificados como gente que no quiero en mi vida, de menos no como para posible relación sentimental y/o sexual. Pero creo que este conocimiento hay que compartirse, porque si yo me los he topado, ustedes también los pueden encontrar. Así que, chicas, si notan las siguientes señales, ¡huyan!

El calienta ovarios

Ese título lo acuñó mi amiga Xime y soy su fan. Se trata del típico cuate bocón-gallito que aplica el “prender el boiler y no meterse a bañar”. Y antes de que me digan “pero todos los hombres quieren sexo, no les gusta quedarse con las pelotas azules”, no se confundan. Esa generalización de que todos los hombres quieren sexo fácil es tan falsa como el que las mujeres no pueden trabajar con otras mujeres (más sobre eso en otro post). Resulta que existe esta clase de hombre que gusta de ser provocador. Si una les da entrada, se le da bien el sexting (escrito o en mensajes de voz) y busca que una le siga el juego. Pero en el instante en que una trata de subir el nivel del juego, ¡se echan para atrás!

Puede ser porque prefieren llevar el control y sienten que prendiendo a una chava ellos llevan la batuta o puede ser porque ya tienen otro compromiso, pero no van a buscar concretar lo que por otros medios (chats, llamadas o a veces hasta en persona en terrenos neutrales) prometen.

Las características de estos chicos suelen ser:

  • Son muy habladores. Presumen de sus habilidades en la cama, de lo kinky que son, lo grande que la tienen, de sus conquistas previas y detalles similares.
  • En público, gustan de mandar mensajes provocadores, para ver tu reacción al verlos y saber que no puedes hacer nada al respecto.
  • Se sienten más cómodos con el peligro de “nos pueden cachar”, que a la vez les sirve para mantener las cosas en el filo de la posibilidad, sin llegar a nada porque alguien los puede pescar.

No confundan. Existe un juego previo que sirve de calentamiento cuando se va a concretar algo, pero cuando dicho juego se extiende al infinito, se pierde el encanto.

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El término “calienta ovarios” me lo soltó Xime cuando yo me topé con uno, un chico muy inteligente que era unos 6-7 años menor que yo. Había un claro juego de coqueteo entre nosotros y hubo una época en que en las noches me mandaba audios subidos de tono. Pero al momento de confrontarlo con el por qué siempre era un “estira y afloja”, me dijo que no se sentía listo para estar con nadie. “Me gustas, pero te conocí cuando llevaba dos meses de haber salido en una relación. Ahorita no te puedo dar el 100% de mí. Ni siquiera un 20%”. El tema es que eso me lo dijo cuando ya llevábamos un año de conocernos y en las noches, seguía mandando sus mensajes… 🙄

Eventualmente, ese chico desapareció. Dejó de contestar mis mensajes (y hablo de mensajes normales, no de cosas subidas de tono) y quedó en la lista de los recuerdos. Hace relativamente poco me topé de nuevo con un calienta ovarios. Suelen pasar en la primera impresión por chicos atrevidos, amantes de la aventura, pero para la segunda vez que una pregunta “¿cuándo nos damos?” y hacen olas, es mejor mandarlos por las cocas: nunca va a pasar nada. No hay que olvidar que el verdadero interés tiene pies. Y lo he comprobado anteriormente cuando hay mensajes, hay una declaración directa de las intenciones y se concretan las cosas.

El que necesita que levanten su ego (Ego-booster seeker)

Este tipo de bato puede ser mucho más engañoso que el anterior. Se trata de alguien que puede ser bien encantador: atento, con buena plática, con un interés que parece auténtico en ti. Pero en realidad lo que busca es que le levanten el ego. A través de ir generando plática y parecer todo un caballero. Incluso con mostrar cero intenciones sexuales, lo que en este mundo de “sexo à la carte” es oh, so refreshing.

El tema es que se agarra de ese tipo de conversación para ir sacando “ego-galletas”, comentarios por parte de una que le sirvan para alimentar su amor propio. Puede ser una charla sobre trabajo, te cuenta una historia de algún tema en el trabajo y te manda lo que hizo, para que le des tu opinión. “¿Verdad que no lo hice tan mal?”, buscando que le digas que en efecto, él hizo bien las cosas.

El último de este tipo que me topé al principio platicaba conmigo a diario, bromeaba, estaba al pendiente de mi día y lo que ocurría conmigo, pero iba metiendo detalles en la charla para beneficiarse a sí mismo. La verdad, fue un tipo tan encantador que empecé a sentirme muy interesada en él. El problema fue cuando me di cuenta de que me estaba utilizando. Después de salir dos veces, me hizo preguntas como “¿qué fue lo que te gustó de mí?” Ya he dicho que me gustan las cosas directas, entonces le respondí de forma directa. El tema es que lo que yo creí que era una conexión resultó que era una relación utilitaria para que él se sintiera mejor consigo mismo, sobre su trabajo, sus decisiones, incluso su físico. Cuando yo empecé a insistir en vernos de nuevo, él se sacó de onda y empezó a poner distancia. Al confrontarlo, me mandó a la friendzone porque “no busco nada serio”.

A mí me sacó de onda porque una cosa es decir “vamos a salir y seguirnos conociendo, me gusta cómo va esto” y otra muy diferente proponer matrimonio o andar tras dos veces de haber salido. Pero ante todo, me molestó que después de que me pidiera que le dijera qué me gustaba de él, física y mentalmente, me saliera con que no entendía por qué yo pensaba que podíamos ser algo más que amigos. ¿Qué cosa esperaba este hombre que yo pensara? Si todo apuntaba a que nos estábamos conociendo en otro plan. Repasé los mensajes que nos habíamos mandado, sus preguntas y demás y me di cuenta de lo utilitario que había sido. Es bien fácil pedir que te suban el ego, pero implica fingir cierto interés en la relación que se está construyendo.

En otra época de mi vida, habría pensado que yo había intenseado. Pero no: fue de nuevo el tema de utilizar a las personas como medio para sentirse mejor con uno mismo. Y eso no rifa. Chavos: si necesitan sentirse menos popó con ustedes mismos, pídanles a sus amigos que les digan las cosas chidas que tienen. No busquen morras que les alimenten el ego. Es desgastante para ambas partes.

Los manchild o babyman

Last but not least, mi tipo de hombre más detestado, en gran medida porque parece ser el que más abunda hoy en día. Los hombres que no tienen la madurez emocional para estar en una relación. El tema es que no se hacen responsables de sus sentimientos y tienden a culpabilizar al otro, o en este caso, a la otra.

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El tema es que tienen diferentes modus operandi, pero el trasfondo sigue siendo el mismo: cuentan con una nula tolerancia a la frustración, no son responsables de sus acciones, buscan culpar a alguien más y se niegan a hacer algo para mejorar su situación.

Ahora, existen distintos niveles de manchild, porque hay quienes son muy buenos hombres y en ciertas situaciones culpabilizan a su pareja de algo que los frustra (y bueno, don’t we all? Hay veces en que no sabemos lidiar con la frustración) y existen los que jamás se van a responsabilizar.

Esos que no se quieren responsabilizar pueden actuar de dos formas (según me ha tocado vivirlo) y ambas son igual de dañinas:

Opción a: Echar la culpa al otro de los problemas, haciéndolo sentir menos. En mis andares por la vida, he topado con hombres que prefieren buscar mujeres “con problemas” para poder salvarlas. Ser caballeros sin armadura, con la espada presta para rescatar a la chica en problemas. El tema es que buscan mujeres así para no fijarse en sus propios problemas. Y cuando la chica ya no requiere ser salvada, empiezan los problemas, porque entonces hay que verse a sí mismo ¡y qué miedo! Un ex mío alguna vez me echó en cara: “Tú sabes perfectamente lo que quieres hacer, ¿y yo? Yo no tengo idea, ¿qué puedo hacer? No es justo”. Pero en lugar de trabajar en sí mismo y buscar qué quería, me empezó a culpar de lo complicado que era lidiar con alguien que estaba decidida a alcanzar sus sueños cuando él no sabía qué quería hacer.

Opción b: Echarse a sí mismo la culpa de las cosas, tirándose al drama, sin ganas de moverse. Estos hombres no buscan salvar, sino poner en un altar a una mujer. La ven como algo mágico e inalcanzable. El otro extremo de la moneda, si gustan verlo así. El gran problema es que eso les sirve para luego victimizarse porque ellos no son suficiente. Y en lugar de tratar de llegar al nivel que creen que es necesario, se quedan ahí en el “no te merezco, eres demasiado para mí”. Señoritas: si alguien les dice eso, probablemente es cierto, porque esa persona no está dispuesta a crecer y aprender para estar a la altura. Y no, no vale la pena tratar de “salvarlo” porque se va a volver un bonito círculo vicioso donde sus acciones por hacerlo ver que es suficiente sólo van a recalcar el “no soy lo que necesitas o si no, no intentarías cambiarme”. No hay margen para que ustedes ganen aquí. ¿Y qué necesidad de vivir ese desgaste?

Ambos tipos de manchild quieren seguir sin cambiar. Ya sea porque no quieren voltear a verse a sí mismos o porque es salir de la zona de confort. Y creo que son el peor tipo de chico con el que una se puede topar, porque la culpa de todos sus males siempre va a caer en una. La verdad es que eso genera relaciones bien disfuncionales y codependientes, donde la que suele llevarse la peor parte es una. Así que si topan con alguien que no está contento con dónde está en la vida, pero sólo se dedica a buscar culpables… corran.

¿Entonces mejor sola?

Más bien se trata de saber que una relación debe ser equitativa. No está mal jugar a prender al otro, siempre que al final sí se metan a bañar. Tampoco está mal alimentar el ego de tu pareja si él hace lo mismo por ti: recordarte las cosas en las que eres buena. No está mal de repente perder el rumbo y necesitar ayuda, siempre que uno esté dispuesto a aceptar la ayuda, aprender, crecer y evolucionar.

Lo que creo que está de la fruta es cuando todo es jalar agua para el molino propio y entonces se vuelve un trabajo pesado diario tratar de mantener la relación. Y peor si no hay relación ni ganas de entablarla y se ve al otro como un medio para ya sea alimentar la calentura o el orgullo.

Una relación sí es un trabajo, pero conjunto, donde ambas partes crecen y aprender y se apoyan. Y esto puede ser relación de amigos, de fuckbuddies o amorosa. Siempre que las reglas estén claras y las cosas sean dichas de frente, se puede crecer y disfrutar juntos. Pero cuando el egoísmo predomina…

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Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

 

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