Vanesa Puga

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

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Donde las pasiones de una escritora se entremezclan
La Niña Espejo

La Niña Espejo

Cuenta la leyenda, aunque a mí no me consta de cierto, que existe una criatura metamórfica y misteriosa llamada la Niña Espejo. Esta niña, a pesar de ser única como todas las criaturas de la creación, posee una peculiaridad interesante: refleja lo que ve, cambiando acorde a la persona que se le pare enfrente. No es que su cabello cambie de color o los ojos se le vuelvan más claros o más oscuros.Simplemente algunos rasgos sutiles,como sus gustos, anhelos, y si acaso de vez en cuando algunas ideas, tienden a ser casi iguales, un reflejo casi certero, de quien se pare enfrente de ella.
Pon a una mujer literata y la Niña Espejo hablará de literatura, autores fantásticos, letras entrañables.  Pon a un fanático de la música de tal o cual compositor y la Niña Espejo «aprenderá» a amar a dicho compositor y hablarte de los por qués, que veladamente serán las mismas razones de quien le presentó a dicho autor. Ponle a alguien que repudie a la sociedad, la familia, los valores y la moral, y la Niña Espejo que antes tenía esas cosas por lo más alto, empezará a repudiarlas de igual forma, si acaso un poco más para que el mundo le crea que son sus ideas y no el reflejo distorsionado de ideas ajenas.
Esta criatura de la que hablo vaga por ahí, imagino yo en busca de su propia identidad, pues cuando no tiene a alguien enfrente para reflejar, entonces proyecta libros, música, ideas que consigue por ahí y las va remendando cual pedazos de tela para hacer una colcha no muy uniforme. A veces intuyo que es, en realidad, una persona más como todos nosotros, cautiva bajo el influjo de algún malvado hechizo. Quizá si la pusiéramos enfrente de un espejo para que no quedara nada más que ella, el hechizo se rompería y ella podría reflejarse a sí misma ante el mundo…
Nerea. 22 de mayo, 2011.

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