Vanesa Puga

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

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La burbuja digital de los medios de comunicación

La burbuja digital ha explotado, ¿qué podemos hacer?

Aléjate de la mujer apasionada

Tú no quieres a una mujer apasionada en tu vida.

El amor en los tiempos de Bumble

(Y la
desesperación, también)

Les voy a contar
una historia de terror.

Hace un par de
semanas, en un momento de aburrimiento y de “¿qué es lo peor que puede pasar?”,
abrí Bumble. Para quienes por algún motivo no lo ubiquen, Bumble es una app de citas, al estilo de Tinder:
vas pasando perfiles y das a la izquierda si no te interesa lo que ves o a la
derecha si sí te interesa. La posibilidad del amor à la carte, si gustan. (Concepto
que no me encanta, pero creo que va de la mano con la modernidad líquida de
Bauman.)

La diferencia con
Tinder es que, si hay match, es la chica quien debe dar el primer paso. Una vez
hecho el match, la mujer tiene 24 horas para mandar un primer mensaje que, a su
vez, tiene 24 horas para ser contestado o el match desaparece. Es una forma de
asegurar 1) que los usuarios estén dentro de la app y 2) que haya verdadero
interés entre los que hicieron match.

En la teoría,
suena bastante bien. Al menos una se ahorra mensajes iniciales de “Hola, quiero
cogerte” (true story en Tinder), porque si empiezas con una pregunta la
conversación de meeeeenos deben responderte esa pregunta.

Pero finalmente
sigue siendo una app donde te basas en una foto y, en el mejor de los casos,
una descripción de perfil para tratar de decidir si te late o no la persona.
[Chavos, pro-tip: si van a darse de alta en una app de este tipo, mínimo digan
algo sobre ustedes y no suban puros memes como fotos de perfil, no se ayudan.]
La plática suele ser lo que ayuda a ver si una quiere o no conocer al
interlocutor del otro lado de la pantalla.

Llevo años de
entrar y salir de ciertas apps. Jugué con Tinder un buen rato, pero realmente
sentía que ahí todos buscaban únicamente sexo y, aunque incluso tuve un rato de
ver cuántos eran abiertos sobre su interés sexual para conmigo, de verdad el
“qué buenas nalgas se ve que tienes” no es un piropo, gente. Así que hace casi
un mes, intenté probar suerte en Bumble.

Con el
escepticismo que caracteriza a mi corazón sarcástico, dudaba mucho que fuera a
hallar nada más allá de —en el mejor de los casos—  un par de amigos, sin embargo,
nada había qué perder, ¿cierto?

Además, esperaba
que con mis experiencias previas en Tinder y mis medidas de seguridad, nada
grave ocurriera.

Pero olvidé hacer
caso de las señales de alerta que pueden surgir durante una conversación.

La desesperación por tener atención

Resulta que entre
los matches que hice, hubo un cuate
que me empezó a escribir diario. Al principio era una charla tranquila, donde
de vez en cuando metió algún tema/pregunta sexual. No me espanta ese tipo de
conversación, creo que soy una mujer que habla de forma muy directa. Él empezó
con que nos viéramos. Y sí me daban ganas de verlo en persona, pero justo tuve
una racha de trabajo pesado seguida de una infección de vías urinarias un poco
fuerte. Ahí fue cuando apareció la primera señal, a la que no le hice caso
(tontamente).

Él 🧔🏻: Quiero verte hoy

Yo 👩🏻: Estoy enferma y con algo de fiebre.

🧔🏻: Con un beso se te quita.

👩🏻:… (me quedé dormida por la fiebre)

🧔🏻: ¿Por qué me dejas en visto?
👩🏻: Eres bien sentido, ¿verdad?

🧔🏻: Sí, mucho, y tú me ignoras.

👩🏻: No te ignoro, pero me siento mal.

🧔🏻: Ya no quieres hablar conmigo.

👩🏻: [inserte aquí anécdota del trabajo]

🧔🏻: ¿Ya acabaste de quejarte?

👩🏻: ¿No querías que te contara algo?
🧔🏻: Vaya que estás de mal genio hoy.

⚠️ ¿Las notaron?

De ahí, empezó a
decirme que ya no sentía la misma conexión, que habíamos dejado pasar demasiado
tiempo para vernos y las cosas se estaban enfriando y que sentía que me caía
mal. Quizá usted, amable lector, se pregunte por qué no lo mandé por las cocas
en ese momento. Lo cierto es que de verdad me sentía muy de la fregada por
causa de la mentada infección, así que no supe leer ese drama como lo que era:
drama que no necesito en mi vida.

Resultó que nos
pusimos de acuerdo para vernos al lunes siguiente, considerando que yo me
sintiera mejor. Llegó el lunes. A las 6:00 pm, el individuo me escribió
preguntándome que si nos veríamos. Respondí que sí, a las 8:00 pm como habíamos
quedado. Se enojó, me reclamó que habíamos quedado a las 7:30 pm. E inició una
discusión en mensajes de texto:

🧔🏻: ¿Entonces?

👩🏻: Te dije que sí [nos vemos]. ¿Qué más falta que te diga?

🧔🏻: ¿No me quieres hablar un poco peor? Qué te pasa. Si afirmas que quedamos a las ocho estás en un error y por eso te pregunté qué onda.

👩🏻: No es mi intención ofenderte. Me sacó de onda que me preguntaras qué onda si ya habíamos quedado. Por el tráfico no sé si llegue 7:30 porque se pone pesado por acá. Haré lo posible por llegar a esa hora, pero no lo aseguro (eran las 6:38 cuando envié ese mensaje)

🧔🏻: Ya ando atrás del WTC (6:39) ¿? (6:46 pm)

👩🏻: ¿?

🧔🏻: Me lleva. Entonces ¿me espero o no?

👩🏻: 😕 Supongo que no. (6:50 pm)

🧔🏻: Es que de verdad parece que te estoy interrogando. Te pasas.

👩🏻: Andas muy desesperado ¿no?

🧔🏻: Y tú andas como que te vale madre todo. Tampoco era a fuerza, ¿eh?

👩🏻: No me vale, pero no estoy a dos pasos de llegar.

🧔🏻: Tú pusiste la hora y el lugar.

👩🏻: Pero te comenté que antes iba a pasar a otro lado, ¿te acuerdas?

🧔🏻: Mira, mejor lo dejamos ahí.

👩🏻: Pero no son ni las 7:30 aún, por eso no entiendo, me estoy apurando (6:53 pm)

🧔🏻: ¿Entonces? Ya le di la vuelta a la manzana. Es que es bien duro que digas algo, caray.

👩🏻: Eres bien desesperado.

🧔🏻: ¿Algún otro defecto mío que quieras puntualizar?

👩🏻: Nah. No soy tu mamá. Y la verdad, no tengo por qué aguantarte tus dramas, si a nadie más se los tolero. Suerte ✌🏻 (lo bloqueé a las 6:56 pm)

Uno esperaría que
tras eso, me dejaría en paz ¡pero no! Me empezó a marcar por teléfono. Dejé que
sonara: una, dos, tres veces. Aproveché lo que parecía una pausa en su afán por
marcarme para bloquear el número e impedir que entraran sus llamadas. ¿Y qué
creen? Me contactó vía Bumble, amenazándome con exponerme en internet. Bloqueé
y reporté en la app al susodicho y me quedé pasmada.

Está bien: desde
la conversación que les menciono al inicio de la anécdota hay elementos de
peligro. Una necesidad implacable por atención y una gran molestia cuando no se
le da. Además de la intenseada hora y
media
antes de la cita. ¡La primera cita! ¿Qué clase de primera impresión
es ésa?

Tan vírgenes en amor

El tema con las
apps, al menos la impresión que me da, es que dentro de la inmediatez y el
mercado de carne que se puede volver:

Normalmente uno entra para subir el ego.
Acumular likes/matches sirve para sentirse
(aunque sea por un momento) mejor con uno mismo.Iniciar una charla de la nada no es tan fácil,
faltan los puntos en común. ¿Cómo sabes con una foto y una bio de 140
caracteres (bueno o de la longitud que sea) si de verdad hay compatibilidad o
punto de encuentro?La facilidad de coleccionar matches ha
hecho cada vez más superfluas las relaciones. Y a veces me parece que es
resultado del temor que tenemos como sociedad a expresar los sentimientos. El sex
drive
parece ser el motivo más básico para entrar a esos lares digitales.
Uno busca pareja para no estar solo y para tener con quién coger, pero no realmente
con quién conectar.

Hace poco vi una
imagen que decía:

Y en efecto, lo es. La calentura predomina en esos lares. Sexo à la carte, descaro por estar envalentonados por estar protegidos tras una pantalla. Sin embargo, también hay una enorme soledad, se ve en los mensajes enviados a un extraño esperando respuesta casi inmediata, en la esperanza de tener a quién decirle “buenos días” y “buenas noches”.

Claro, de vez en cuando puede haber una conexión real con alguien, esos casos fortuitos donde no es el sex drive lo que motiva, sino de verdad el interés de conocer a alguien. Ésas son las puertas que no me interesa cerrar. Fuera de eso, creo que ya me quedé curada de espantos y mejor me abstengo de seguir experimentando en esos lares.

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Acerca de mi

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

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