Vanesa Puga

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

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Donde las pasiones de una escritora se entremezclan
La burbuja digital de los medios de comunicación

La burbuja digital de los medios de comunicación

¿Qué solución habrá para los pequeños si los gigantes están cayendo?

Hace 10 años, tuve un sueño: poner una revista. Una revista que hablara de cultura, impulsara a los pequeños creadores de México y que tuviera contenido de calidad sin cobrarle a los usuarios por leerla. Por el tema de costos fue que se decidió que fuera una revista digital.

Yo llevaba al menos dos años escribiendo en blogs y veía mucho potencial para los medios digitales como un inicio de la democratización de la información. Claro, existía la brecha digital, pero era un primer paso para llegar a más personas a menor costo. ¿Cómo hacerla un proyecto sostenible? Alguna forma encontraría, me dije. Y tras mucha planeación, en mayo de 2010 la revista Kya! Arte · Cultura · Entretenimiento vio la luz. Era mi bebé, y como tal me emocionaba y me aterraba a la vez.

Con Kya! me consolidé como periodista cultural, fui reconocida por la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano y sobre todo, conocí y conecté con un mundo de personas que jamás pensé llegar a conocer. En su mejor época, Kya! llegó a contar con un staff de 40 personas. Teníamos un modelo de trabajo a distancia y comunicación vía plataformas digitales, como un grupo de Facebook y Google Hangouts, además del correo electrónico. Mi equipo editorial le echaba todos los kilos a sacar mes con mes y, eventualmente, quincena tras quincena, un número de calidad. Conseguimos acreditaciones con el Sistema Nacional de Teatros, la Cineteca Nacional, algunas distribuidoras de cine, el Fondo de Cultura Económica y varias instituciones más. Sin embargo, lo que jamás conseguimos, fue un ingreso fijo.

EL primer boceto de firma para mail (mi nombre estaba mal escrito 😅)

Nos enfrentamos a dos paredes: los RP que buscaban migrar publicidad a la red desconfiaban de estos medios digitales, los medios “nativos” de la web, y se negaban a pagar gran cosa. Los que sí entendían de este mundo digital —si es que se puede decir que alguien entiende a ciencia cierta en este cambiante mundo— no querían o no podían pagar. Tras muchas cavilaciones, en 2017, poco después de publicar su número 100 Kya! llegó a su fin.

Durante mucho tiempo me pregunté ¿qué hice mal? Si existían los grandes titanes digitales como BuzzFeed y Huffington Post (que surgieron en realidad poco después que Kya!) marcando la tendencia en medios digitales, ¿por qué yo no había logrado una diferencia? ¿Era por el público al que le apuntábamos, por los temas que manejábamos? Total que en México nadie lee y a nadie le importa al cultura, dicen. (Mentira, yo descubrí un gran interés por la cultura, pero los precios para muchas actividades, aunados a otras temas socioeconómicos, limitaban la asistencia a espectáculos, ferias del libro y demás)

El surgimiento de los titanes

Otra plataforma que llegó a llamar mi atención fue Cultura Colectiva, cuyo contenido cada vez se fue haciendo más viral. Eventualmente, a través de una charla en un WordCamp, me enteraría que los tres socios de Cultura Colectiva contaban con suficiente capital como para alimentar su negocio.

Pero plataformas icónicas, como BuzzFeed, Playground magazine, Huffington Post y las subsecuentes (las versiones en español de estas revistas, por ejemplo, Lola como la parte española feminista de BuzzFeed, Vix, etcétera) generaban muchísimo contenido, contrataban gente, abrían nuevas oficinas y se acomodaban como el ejemplo a seguir para manejo de información en medio digitales.

El tema era: su forma de volverse virales venía de las redes sociales. A través de los perfiles de Facebook y de Twitter, sus contenidos se compartían millones de veces, generaban tráfico a sus sitios y tenían los números que cualquier agencia buscaba para comprar publicidad.

¡Ah! Porque los números cuentan: los RP buscaban más de equis cantidad de seguidores en redes sociales, un número sólido de visitas al mes, un tiempo promedio de lectura, un nivel de rebote bajo. Kya! llegó a tener en sus mejores momentos un tiempo promedio de visita de hasta 5 minutos. ¡Eso es muchísimo! Significaba que una vez que un usuario leía una de nuestras notas, al menos entraba a una segunda antes de irse del sitio.

Sin embargo, en redes sociales jamás rebasamos los 3K seguidores y eso nos hacía ver como “pequeños”. Y día tras día, mi equipo y yo veíamos cómo el contenido de otras plataformas se compartía una y mil veces en nuestras redes sociales, incluso cuando no hubiera calidad en los mismos (mala redacción, mala narrativa, errores ortográficos, etcétera).

Lo claro era: quien tuviera más seguidores en redes sociales llegaría más lejos. Y así fue como los titanes empezaron a alzarse.

La estruendosa caída

El gran problema de la burbuja de la información digital, entonces, viene de su mismo planteamiento. Una base de seguidores en redes sociales es la raíz de la cantidad de compartidos, ergo, de la cantidad de clicks.Y si existe alguien muy celoso respecto a mantener una audiencia cautiva en esta vida es Mark Zuckerberg. Facebook es el sitio #1 en cuanto a audiencia y tiempo de estadía de la misma.

via GIPHY

Si bien existió un momento en que se diferenció la página de medios editoriales del funcionamiento de una página de marca/empresa dentro de Facebook (por ejemplo, un medio editorial tenía justificación para publicar algo cada hora, mientras que a una empresa se le sugería no atascar a su público con contenido y limitarse a, dependiendo de la empresa de 1 a 4 posteos a la semana), en cierto momento Facebook empezó a buscar no soltar a la gente. Primero salieron los artículos instantáneos, apelando a otro mal cultural de nuestros días: la necesidad de inmediatez. Los usuarios al dar click en un artículo instantáneo no tenían que esperar minutos a que cargara la nota en el sitio fuera de Facebook, sino que abría en segundos. Pero eso disminuía el tráfico al sitio (adiós a esos bellos números que aman las agencias de RP).

La burbuja de los medios digitales como la nueva forma de llegar a la gente, y de generar negocio en línea, llegó al clímax (y punto de quiebre) a finales dela ño pasado cuando se anunciaron recortes venideros que culminaron con la noticia en enero del cierre de la rama de BuzzFeed News y Lola en España, dando pie a notar que esos grandes titanes iban en picada.

Irónicamente, una de las mejores piezas al respecto surgió en Huffington Post de España, escaso mes y medio antes de que HuffingtonPost México cerrara de forma intempestiva.

El cierre de BuzzFeed lanzó varias cuestiones al aires, desde mis propias dudas en Twitter hasta salir a relucir investigaciones de un año atrás al respecto del fenómeno de los medios digitales:

Tal como lo plantean Business Insider y The Guardian, la viralización de los contenidos dependían de las redes sociales, principalmente de Facebook. Con los cambios de algoritmos de dicha plataforma, la audiencia disminuyó de forma tan dramática, que fue necesario despedir gente. Adiós a los titanes editoriales del mundo digital.

¿Cómo sobrevivir?

Ante esos planteamientos, existen varias cuestiones.

La visión más obvia es que un sitio, particularmente uno que ya cuenta con una base de seguidores atrapados, ponga un llamado paywall, tal como hacen The New York Times o incluso a lo que ha llegado Medium: puedes leer contenido gratis, hasta X artículos por mes. Para leer más, suscríbete. Es una versión menos agresiva de lo que hicieron otros medios al trasladarse a digital: sólo por suscripción puedes ver los contenidos en línea.

Pero la gente en general, no paga por leer. Y eso que en México somos grandes consumidores de contenido online, pero se prefiere pagar por servicios de streaming, como Netflix o Spotify, que por servicios que impliquen lectura.

Entonces ¿qué se puede hacer? Al tener a la gente cautiva en las redes sociales, Facebook, principalmente, y el algortimo de Facebook afectando la distribución de los mismos, aunado a un público que parece más interesado por los contenidos audiovisuales, ¿cómo se puede llegar a la audiencia?

Una opción es migrar a audiovisual, pero ¿cómo comunicar las cosas? ¿De nuevo a través de Facebook, dentro de Facebook Watch y el formato Live?

Patreon

Facebook también lanzó su opción para creadores, impulsando los contenidos de los (valga la redundancia) creadores de contenido. Pero es seguir haciendo tratos con el diablo. ¿Fondearse a través de Patreon y ofreciendo contenido de calidad para un público elite que esté dispuesto a pagar?

Hay muchas cuestiones a considerar. ¿Qué es lo más viable? Lo sigo pensando.

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Acerca de mi

Bruja morada creada en 1984, soy una pedagoga y periodista cultural que vive de la publicidad digital. Mamá de un chamaco. Escribo y leo como si mi vida dependiera de ello. Funciono a base de café, té y proyectos multicolor. Me clavo mucho con la literatura infantil y juvenil y la comprensión lectora. Soy firme creyente de que lo único constante en esta vida es el cambio.

 

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